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  • Nayith Díaz

En Memoria de D

Hace algunos días, tuve la ingrata sorpresa de saber que una persona a quien admiraba y quería, decidió quitarse la vida de manera inesperada. La primera pregunta que vino a mi mente fue: ¿pude haber hecho más? pero esa sigue siendo una pregunta que nunca podré responder.

D se me fue, se me escapó de las manos y no pude hacer nada para evitarlo, y aunque le admiro como a nadie, porque tuvo el valor de hacer lo que pocos se atreven, no puedo evitar extrañarle, no puedo dejar de pensar en esos buenos momentos que compartimos y todas las veces que reímos juntos.

La parte que me más me duele, es que creí que era feliz, leí mal sus señales, las malinterpreté, no pensé nunca que una persona que hiciera 3 horas de ejercicio al día podría quitarse la vida, porque según Elle Woods: "la gente que hace ejercicio es feliz porque libera endorfinas."; Pero igual que Elle Woods, no es más que una ficción que nos hemos hecho creer.

La depresión, el aislamiento y la falta de creer en nosotros mismos, son de las cosas que nos pueden llevar a cometer aquellos actos que atentan contra la naturaleza de la vida misma. Si bien es cierto que morir es inevitable, algunas cosas, como la depresión son igual de humanas e incomprensibles.

Cada día que pasa después de su muerte, me pregunto sobre mi camino, sobre mis decisiones de vida, y sobre todo, si cada una de las acciones hacia un futuro han sido las correctas para enfrentar a mis demonios.

Terapia mensual, medicamentos, alcohol, drogas (legales e ilegales) forman parte de un cóctel de ideas que nos tomamos a diario para creer que estamos bien. Ignoramos a nuestros sentimientos en busca de una felicidad que está basada en factores monetarios o profesionales. Pero si nos devolvemos en el tiempo, el dinero y la profesión, son algo que los humanos nos inventamos para que el tiempo en este planeta sea mucho más llevadero.

Omitimos las injusticias sociales sobre la premisa que alguien no se quiso esforzar, pero si nos preguntamos: ¿Cuál diferencia existe entre una persona y yo? la respuesta debería ser contundente: ninguna.

Si hablamos de religiones, la mayoría coinciden que somos iguales sin importar a quién le recemos en las noches, sin importar nuestra ubicación geográfica, y mucho menos nuestro estatus socioeconómico.

"No somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan"

Esta frase que nos indica el Dr. López Rosetti dice mucho sobre nuestra humanidad. Tratamos de actuar siempre de manera lógica, minimizando nuestro sentir y dándole prioridad a lo que se debe hacer, a lo que es correcto, inclusive cuando eso atenta contra nosotros mismos, porque como buenos humanos, somos programables, capaces de creernos lo que nos dicen después de muchas repeticiones, y si una instrucción, tal cual se tratase de un programa de computador, no viene de la manera correcta, podemos actuar en contra de nosotros mismos, sin importar qué tanto daño nos provoque.

No puedo devolver el tiempo y, mucho menos, traer a D a la tierra, no soy un Dios de esos que describen las religiones, soy un simple mortal más, que al igual, puede cometer los mismos errores.

D no debió morir en vano, su muerte es un llamado hacia algo más, tendré que interpretarlo a mi manera, como siempre lo hice, porque así fue en vida, me daba ideas al aire que tenía que debía descifrar hasta que finalmente calzara con su visión del mundo.

Hoy lamentablemente, no le tengo presente para validar si lo que pienso es correcto o incorrecto. Sin importar los motivos y mucho menos qué quiso decir con su muerte, debo tomarlo como una señal de que algo andaba mal, muy mal.

Su vida se marcó por hacerme reír, por hacer a los que estaban a su alrededor importantes. Me enseñó que todos tenemos un nombre y nos encanta que nos llamen así. No importa cuál sea tu posición o carrera en la vida, tu nombre, es quien te hace quien sos, te da identidad y de ahí nace todo.

Compartimos más de lo que incluso yo mismo esperé, le conocí de manera inesperada y le comencé a querer y admirar, aún cuando a veces me parecía un poco loca su manera de ver el mundo. Supongo que esa es la mejor forma de querer a alguien, sin expectativas, sin ideas, solo hacerlo porque sí.

Hoy que no le tengo cerca, me quedaré con su recuerdo, con la idea que como Grace Kelly, podemos intentar vernos de una forma, o que podemos actuar como nos dicen, pero al final, si no conocemos quién somos, podemos caer víctimas de nuestra propia falta de idiosincrasia.

Si tu muerte era una señal divina, al igual que tus canciones pandereta de cada mañana, me servirán de parábola para tratar de comprender cuál fue tu mensaje, hasta que después de muchos intentos, logre comprender qué significa para mí, y con la expectativa que esto ayude un poco a cambiar el mundo.

Así que mi promesa para vos, no es muy grande, pero sí que es complicada: Encontrar mi felicidad y asegurarme que la mayoría de personas en este planeta lo logren, porque, ¿cuál es nuestro propósito si no, ayudar a los demás?

Así que para un 2022 con apenas 4 días de haber comenzado, es hora de ajustar mis metas, mis ideales y sobre todo, la forma en la que veo el mundo a mi alrededor.

No puedo hacer que regreses al plano terrenal, pero si tu alma ronda de cerca mi vida, estoy seguro que me guiarás a hacer lo mejor posible para encontrar mi camino, el que me permita ser yo, alcanzar mi felicidad sin importar el precio. Si muero hoy, debería decir que soy feliz porque hice lo que yo quiero y no lo que la sociedad me hace creer.

En pro de una mejor vida en el más allá. Según D, su alma debería estar en lo que suelen llamar infierno, pero según mi propia religión, merece un lugar al lado del mismo Altísimo, porque si al menos podemos cambiar a un alma en este planeta, eso debería contar como un gran acto de valentía y amor.

En memoria de D, a quien aprendí a querer sin interés, porque me hacía reír, me hacía sentirme apreciado y querido, esa persona que hoy no está, me hace que piense en mi vida, en la forma en la que la llevo y sobre todo, como de hoy en adelante, me adapto a los problemas que tengo frente a mí.

El amor, la felicidad y el cariño que uno recibe de los demás debería ser lo único que importa cuando nos mudemos al más allá... sea en el cielo o el mismísimo infierno. Porque aquello que sentimos, expresamos y decimos, es lo único que realmente nos permite ser nosotros mismos.

Así que con mi ron particular, como buen escritor, en medio de un poco de ebriedad y lágrimas, te doy mi adiós, te deseo lo mejor, y si algo te puedo prometer, es que no dejaré que tu muerte sea en vano, porque hiciste lo que siempre he querido hacer, pero nunca he podido lograr, aún con tu muerte, me demostraste que cuando uno se propone algo, no importa qué tan bueno o malo sea, lo podemos alcanzar. En tu caso, esa meta no contemplaba seguir aquí... En tu memoria, por siempre, te querré pero sobre todo, haré lo que sea para que esa sonrisa particularmente exagerada que salía de vos, no se olvide, no se extinga y tu mensaje tan contundente, no quede en el aire.

Gracias por tus lecciones de vida… de aquí en adelante, es mi turno de que este mundo se vuelva mucho más afectuoso, más sincero, más humano, más emocional.

Hasta nunca D, gracias por creer en mí y por ser siempre vos.


À votre santè!


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